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Conoce un poco más de la historia de las Salinas de Cabo Rojo, el resultado de una sucesión de sucesos físicos y naturales que ocurrieron en la Isla hace 120 a 150 millones de años.

 


 

 

 

Las Salinas de Cabo Rojo pertenecen a la provincia geomórfica conocida como llano Costanero del Sur.  El área de las salinas fue parte del Valle de Lajas cuando éste estaba sumergido bajo el mar.  La Sierra Bermeja en ese tiempo tenía la apariencia de una isla alargada que iba desde Guánica hasta el extremo suroeste de Puerto Rico.  Hoy día las salinas comprenden un área de 20.1 millas cuadradas conocida como barrio Llanos Costa.  Los suelos de Cabo Rojo reflejan por lo menos 20 grupos y 52 series distintas, entre las turbas orgánicas y salinas. 

El área de las salinas ha sido poblada desde los años 30 A.C. y 120 D.C. de acuerdo a evidencia arqueológica (Rouse, 1952).  Los primeros habitantes del área fueron suplantados por grupos de indios procedentes del norte de Venezuela para 700 D.C.  Ya para esta fecha se había establecido en Punta Ostiones un numeroso grupo de indios arcaícos que desarrollaron un nuevo estilo de cerámica.  Este desarrollo tecnológico en términos arqueológicos se daba en base a la calidad de la cerámica.  Y fue en gran parte a la excelente calidad de sal que utilizaron en la confección de esta cerámica que esta cultura se diseminó por toda la Isla y el Caribe.  Esta fase ostionoide o subtaína también desarrollaría nuevas técnicas de cultivo de la yuca, lo cual le permitió crear centros poblacionales de mayor tamaño, conocidos como tribus.  Gradualmente y bajo la presencia de nuevos movimientos culturales más avanzados se fue forjando la cultura Taína.  Según Scarano (1993) en Puerto Rico los rasgos de la fase taína empiezan a aparecer en restos encontrados en Villa Taína en Boquerón que datan más o menos al año 1,000 de nuestra era.  No cabe duda que los taínos, tal como habían hecho sus predecesores, continuaron usando este recurso tan valioso como lo es la sal hasta la llegada de los españoles quienes comenzaron la explotación industrial salinera desde 1511, según instrucciones dadas a Cerón y Díaz (Brau, 1981). 

Mas no serían los españoles los primeros visitantes extranjeros a las Salinas, sino que según Menzies (2003) los navegantes chinos bajo el mando del almirante Zhao Wen visitaron esta área para 1421.  Este viaje a diferencia de los españoles no era de conquista y explotación sino de exploración y estudio, pues los cartógrafos chinos fueron muy precisos en los dibujos geográficos indicando en estos mapas los recursos naturales de la isla tal y como la presencia de la cotorra puertorriqueña en Boquerón, específicamente lo que es hoy el refugio de aves. 

Poco después del comienzo de la conquista y explotación española de la isla se documenta la presencia de otros europeos en el área de las Salinas.  Ya para 1528 Brau (1981) refiere la presencia de los franceses frente a los Morrillos de Cabo Rojo.  Esta presencia francesa da paso a que a la Bahía de Boquerón se le viniera a conocer en la cartografía como el Puerto de los franceses (Tió, 1996).  Sería a esta misma bahía así como a las salinas que llegarían los navegantes ingleses conocidos como los viajeros de Roanoke durante la segunda mitad del siglo XVI.  El fuerte dibujado por John White en 1585 en las salinas es evidencia de la presencia inglesa en esta región así como de sus planes expancionistas (Ramírez, 2003). 
Según Moya Pons (1976) cerca de 800 buques holandeses vinieron a Venezuela y el Caribe entre los años 1598 y 1604.  Un promedio de dos barcos semanales venían de Europa cargados de artículos manufacturados y volvían a Holanda con cargamentos de sal.  De este negocio también sacaban los holandeses sal de las Antillas.  No pocos barcos holandeses llenaron sus bóvedas con sal caborrojeña (Ramírez, 1985).  Esto contribuyó grandemente al contrabando en Puerto Rico, especialmente por los puertos del suroeste (Bahía Salinas, Boquerón y Puerto Real).  Además de abastecerse de agua negociaban con los vecinos del área cambiando artículos manufacturados en Europa por la sal, cueros, jengibre, cañafístula y azucares.  Para el lucrativo negocio del cuero la sal era indispensable, al igual que lo era para la industria de la pesca del arenque en los países bajos. 

La importancia de la sal para el diario vivir y subsistencia de los vecinos del área era tan importante que se derramó sangre entre hermanos puertorriqueños por el control de la misma.  Refiere Ibern Fleytas (1961) que en el año 1769 se da un enfrentamiento entre los vecinos de Aguada y Cabo Rojo al intentar los primeros apoderarse de las Salinas.  El resultado fue varios muertos, otros arrestados y la subsiguiente invasión por parte de los caborrojeños a Aguada donde nombraron un nuevo alcalde y se retiraron a pedidos del gobernador.  De aquí que se conozcan los caborrojeños como “mata con hacha” y al lugar del encuentro como El Combate. 

Poco después que se proclama la Real Cédula de Gracia en 1815 llega Juan Comas Roig a Puerto Rico de Santo Domingo y adquiere autorización del gobierno para explotar las minas de sal, propiedad del estado cerca de los Morrillos de Cabo Rojo.  El señor Comas Roig fue el precursor de la industria del tejido en la Isla para cuya manufactura la sal era indispensable.  Durante gran parte del siglo XIX las salinas estaban bajo la dirección y firma de los señores Juan Comas y Juan Colberg.  Al poco tiempo se constituye una compañía con más accionistas para aumentar la producción.  Ya desde los comienzos de la administración de Comas Roig para 1837 refiere Ramos Ramírez (1985) que para la época del cuaje y recogido de sal se reunían en las Salinas de Cabo Rojo grupos de más de 500 personas para trabajar.  Este número sin duda aumentó hacia la segunda mitad del siglo.  Apellidos como los Cortada, Fleytas, Ibern, Ramírez y otros se unieron a esta empresa.  Para 1884 las familias Comas y Colberg compraron las salinas.  Cabe mencionar que Ramón Baldorioty de Castro trabajó como administrador de las Salinas de Cabo Rojo, pueblo natal de su padre don Juan de Castro.  Para esta época se van cuajando las ideas sobre las clases jornaleras donde se forjan las con tradiciones del capital y el trabajo en el pensamiento político, tales como el de Brau y muchas de las mentes avanzadas de la época.  Ciertos privilegios de las familias Comas y Colberg y en parte el judío gallego Esmoris, le habían extendido a los trabajadores de la sal fueron eliminados poco después que los señores De Arturo Bravo y compañía se la vendieron a Llillo y Aurelio Carreras.  De acuerdo a testigos de la época, los hermanos Carrera representados en las Salinas por quien vino a conocerse como Bienvenido "El Terrible" le quitaron los beneficios a los obreros, tal como “el bien de la siembra y los tiraron a la orilla”.  La paga era de 50 centavos al día y se la aguantaban para presionarles.  Estas acciones precipitaron la gran huelga de las Salinas de Cabo Rojo en 1939.  Según Silén (1978), estos eventos fueron de importancia trascendental para la historia del movimiento obrero de Puerto Rico.  Durante estos eventos históricos se destacan grandes personalidades puertorriqueñas y caborrojeñas tal como Julio Camacho, Faíto Velez, Martiniano Ayala, Fernando Álvarez, Manuel Cofresí, los abogados Pedro Nelson Colberg, Don Ovidio Marty, Baez García (Mayagüez), Miguel Bahamon de Lastra, Dr. José A. Lanause (Ponce), el bufete de Vito Marcantonio en Nueva York, Montalvo Guenard (Don Pablo), Natalio y Pedro Irizarry y Benigno Sorrentini entre otros.  Uno de los muchos resultados de estas acciones fueron las parcelas del Corozo, una de las primeras en ser cedidas en Puerto Rico a los habitantes del área.

Para los años 60’s un norteamericano toma posesión de las salinas con el fin de continuar la explotación industrial de la misma.  Según vecinos del área, la falta de conocimiento técnico, como por ejemplo el secreto sobre el lugar donde buscar la arena fina como el trigo para preparar los cristalizadores, así como de obreros salitrales diestros y listos para trabajar en ese sol, que ni los obreros del azúcar utilizados como rompehuelgas del 1939 pudieron resistir, ha contribuido a la decadencia de la industria.  Sin embargo, estas pasadas décadas se ha sostenido produciendo suficiente sal para la industria del enlatado de frutas y fertilizantes.  Todavía hoy se continúa explotando las salinas desde el año 700 D.C.  lo cual la constituye en la actividad económica más antigua en la isla de Puerto Rico.   Al presente, el área del Bosque de Boquerón donde ubican las Salinas comprende un área de 1,249 acres de lagunas, salitrales, bosque seco y manglares. El bosque está catalogado como un recurso Categoría I por el Servicio de Vida y Pesca Silvestre.  Esto significa que el valor natural para la vida silvestre es único tanto a nivel nacional como regional.  Además,  existen yacimientos arqueológicos en el área, aumentando su valor e importancia histórica.  El gran valor ecológico e histórico de las salinas hace a éstas un patrimonio natural de incalculable importancia para la humanidad.  En 1999, las salinas pasaron a ser parte del Refugio Nacional de Vida Silvestre de Cabo Rojo gracias a esfuerzos comunitarios e inter-agenciales lo que permitirá perpetuar el disfrute de futuras generaciones.

 

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Copyright © 2005  Centro Interpretativo las Salinas de Cabo Rojo "Efrén Pérez Rivera". Diseñado por Misael Pérez. Todos Derechos Reservados.  Revisado: 10/02/06.